Coitorio

room-928653_1280Estrella y Manuel quieren tener un hijo. Va a ser el primero y están un poco nerviosos. Mañana es el gran día. Es el día en el que Estrella ovula y ya tienen cita en el hospital para ir a concebir a su hijo.

Se están preparando para irse a la cama. Mientras Manuel se mete en la ducha, Estrella revisa la bolsa para ver si está todo en orden: “Neceser, colonias, aceites aromáticos, el camisón sexy que me regaló Manolo y que tanto le gusta, hojillas y espuma de afeitar, enjuague bucal, desodorante, kit de maquillaje, nuestra música, el vino por si acaso… Parece que está todo”.

Se acuestan ilusionados y nerviosos.

¿Seremos capaces de hacerlo?

Claro que sí, mi amor.

Acuérdate de que a tu hermana y a Paco les tuvieron que hacer una inseminación y una in Vitro las dos veces que lo intentaron.

Tranquila, vas a ver como podemos. Además es un buen hospital y allí saben mucho de esto. Si pudieron nuestros padres, ellos solos y en casa, con la tecnología que hay ahora… vas a ver, no te preocupes por nada—  dice Manuel intentando tranquilizar tanto a su mujer como a sí mismo.

A la mañana siguiente, se presentan puntuales a su cita en el hospital.

Les recibe alguien de uniforme que les hace pasar a una sala.

Aquí tenéis estos camisones, os quitáis toda la ropa y la guardáis en la bolsa.

Es que mi mujer había traído una ropa especial que quería ponerse…

Aquí todo el mundo lleva esto… total, si os lo vamos a quitar en un rato…

Estrella y Manuel se miran resignados.

¡Ah! Y quítese todo el maquillaje de la cara y de las uñas.

¿Por qué?

Porque lo dice el protocolo. Con maquillaje no se puede entrar al coitorio.

Pero si me lo hice especialmente para este día…

Pues se lo tiene que quitar y punto.

 

Una vez desposeídos de todo lo considerado como propio, les pasan al coitorio y les dicen:

Esperen aquí que ahora viene la matrona.

Manuel decide abrir el vino y tomarse media copita para relajarse, Estrella quiere otra, brindan juntos y beben un sorbo mientras se aprietan la mano.

Bueno, seguro que no nos ha tocado la más amable y hemos tenido mala suerte.

De pronto irrumpe en la sala una mujer vestida igual que la anterior.

Ustedes han venido para concebir, ¿verdad?

Sí.

Uy, ¿ese vino? No se les habrá ocurrido probarlo…

Bueno, solo un sorbito.

Ni un sorbito ni medio, ahora ya no podremos empezar hasta dentro de dos horas.

Pero si apenas ha sido un sorbo…

Un sorbo dice. No querrá que su hijo tenga malformaciones, ¿no? Pues no puede beberse ni una gota de alcohol antes del coito. Volveré a las once.

 ¿Podemos vestirnos e ir a dar una vuelta?

Ah no, una vez que ingresan, se tienen que quedar aquí, no vamos a hacerles el ingreso cada vez que entren y salgan…

¿Dónde puedo poner algo de música?

Ah, ¿no trajeron cascos?

No.

Pues entonces no hay música, tenían que haberlo pensado antes.

Pero ¿cómo vamos a hacer el amor con cascos?

No sé, ustedes son los que quieren música. No pretenderán que todo el personal tenga que escuchar lo que a ustedes les gusta… Y se marcha.

Manuel coge la copa de vino.

Manolo, ¿qué haces? Que nos sale mal el niño, ya la has oído.

Ay, cariño, es verdad, es que estoy muy nervioso.

Tras dos horas de espera vuelve la misma mujer.

Bueno, vamos a empezar, quítense el camisón.

Es que no llevamos nada debajo.

¡Faltaría más! ¿Es que pretenden hacerlo con ropa?

Allí los dos se quitan lo poco que les cubría.

¡Uy! Usted no está rasurado.

Es que no pensé que hiciera falta.

Pero ¿cómo no va a hacer falta? ¡hombre! Túmbese que le voy a rasurar el pubis.

Puedo hacerlo yo.

Sí, y nos tiramos otras dos horas. Túmbese.

Maquinilla en mano, empieza el rasurado.

¿No podría usar un poco de espuma?

No hay tiempo para espumas… Si se lo hubiese hecho en casa… Bueno, ya está. Ahora, usted acuéstese, señora y usted empiece a acariciarla para excitarse mutuamente. No, así no, tiene que empezar por el cuello e ir bajando lentamente…

Así. Ahora agárrele un pecho y bésela.

Con más pasión, hombre.

Así, así, muy bien, siga así.

Muy bien, ahora siga bajando con la mano y le acaricia la zona púbica.

Más suave, hombre; sí, eso es y con la otra mano le acaricia el pecho.

Pero no le apriete el pezón, ¡hombre! Que es muy pronto.

Bueno, ahora intente penetrarla.

Es que no puedo.

Claro que puede, venga.

Es que está flácido.

Uy, a ver si va a ser usted impotente.

Pues no creo, porque en casa funciona bien. A lo mejor si sale usted un rato y nos deja solos, nos es más fácil.

Pero es que yo soy la responsable y no me puedo ir. Pues anda que no he tratado a gente yo antes, como para que ustedes estén con reparos. Y muchos me han felicitado, como para que ahora me digan esto.

Bueno, si no le digo yo a usted que no sea buena profesional, pero es que es la primera vez, somos un poco tímidos y nos cuesta relajarnos.

Aquí vienen a excitarse, no a relajarse.

Venga, otra vez.

—Así, muy bien, mucho mejor.

Y, usted, abrácelo; gima un poco, mujer, que no le cuesta nada.

De repente Manuel abre los ojos y se encuentra a dos chicas jovencitas mirándoles atentamente.

¿Y éstas quiénes son?

Son estudiantes en prácticas. Tendrán que aprender, ¿no?

Ya, pero es que yo así no puedo.

Bueno, todos pueden y no va a poder usted…

Haga el favor de concentrarse y excitarse.

A lo mejor, mi vida, si me das unos besitos…

—¡Ah no! Eso no se puede hacer aquí. Aquí cada cosa a su sitio y la boca para la boca y el sexo para el sexo.

Pues es que no puedo.

Bueno, pues llamo al médico a que venga.

 

¿Qué pasa aquí?— dice el médico una vez en la sala.

Que él no consigue una erección.

Estos son los del vino, ¿no? Claro.

Si sólo fue un sorbito hace más de dos horas…

Ya, si ustedes no están dispuestos a colaborar, nosotros hacemos lo que podemos y, claro, luego van diciendo por ahí que la culpa de que no puedan tener hijos es del médico.

Mire, le voy a aplicar esta bomba de succión en el pene. Estese quieto.

¡Ay!

Haga el favor.

¡Ay, pare, que me hace daño!

Aguante un poco, que no se diga, hombre.

¡Ay, pare por Dios!

Pero si tiene toda la zona llena de cortes.

Es que vino sin rasurar dice la matrona.

Aguántese un poco.

Ay, pero es que me hace daño.

Hombre, haga el favor, compórtese.

Pues esto no funciona, en cuanto le quito la bomba se afloja otra vez. Le voy a dar una pastilla y vuelvo en media hora.

Entra el médico de nuevo y pregunta:

 ¿Cómo van?

—Pues ya tiene erección pero sigue sin poder, no eyacula. Yo les estoy diciendo de todo, pero nada, que no lo hacen bien. Y ella tampoco lubrica.

Avisa a laboratorio. Vamos a hacer una inseminación artificial.

Pero ¿no podemos esperar un poco? ¿Darnos más tiempo?

Ya hemos sido muy pacientes con ustedes. Si no han podido en todo este tiempo, no van a poder porque les dejemos un rato más.

A lo mejor, si lo intentamos otra vez…— insiste Manuel.

Llama a laboratorio y di que busquen un donante que este hombre no puede.

Pero si yo…

Está claro que ustedes no pueden tener hijos, y den gracias a la tecnología que les va a permitir ser padres. Hace años se habrían quedado sin descendencia.

Tiene razón Manolo, él es el experto y sabe bien lo que hace.

Muchas gracias, Doctor.

Author: tucomadre

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